El género del Survival Horror sigue vivo, quizás es de los que mejor salud tiene en un mundillo donde cuando destaca de sobremanera un género este es propenso a quemarse y desaparecer, pero al día de hoy siguen apareciendo nuevas propuestas y antiguas sagas siguen vigentes o se reinventan para poder sumar secuelas a los más fans del género.  Ahora bien, a lo largo de los años hay algunas sagas que se quedan en stand by o directamente se pierden en el horizonte porque la fórmula no da más de si, y con el juego que nos toca pasa algo parecido.

Fatal Frame en Japón o Project Zero en occidente, se trata de una saga con más de veinte años que nació en Playstation 2 y Xbox, donde con una premisa basada en lo más profundo de la cultura japonesa nos tendriamos que defender de diferentes seres etéreos en nuestra aventura con una cámara de fotos, una formula que no tuvo excesivos cambios a lo largo de las cinco entregas que suma contando con la que nos toca en esta reseña y donde la cuarta de ellas no piso occidente en su momento.  Títulos que nunca han destacado en ser obras referentes en lo técnico pero donde sin duda el agobio y mal rollo cumplían sobre todo para los más cobardes del lugar, donde entre ellos me incluyo.

En 2015 se puso a la venta la última entrega de dicha saga, exclusiva para Nintendo Wii U y cuya distribución fue a manos de Nintendo de una manera casi testimonial que se tradujo en que las copias física apenas se vieron más allá del día de salida y provocando que junto a la marginalidad de la propia consola se convirtiese en un título que pasó totalmente de puntillas por el catálogo y que sin duda, necesitaba mucho más que cualquier otro título de la consola de Nintendo una remasterización para poder ser descubierto por los propios jugadores sin tener que hipotecarse para poder adquirirlo.  Por lo que el anuncio en un Nintendo Direct de que el título volvería y lo haría para más plataformas era sin duda una gran noticia solo ennegrecida por el hecho de quedarse exclusivamente en un lanzamiento digital en occidente, pero algo es algo.

Esta entrega nos llevaba a un monte maldito, lugar en el cual se suceden numerosos suicidios y las almas penitentes vagan buscando aplacar su desazón, como en otras entregas tendremos una cámara de fotos especial la cual nos permitirá exorcizar a los espíritus siempre y cuando le hagamos la consecuente foto, apuntemos y encuadremos en la medida de lo posible, apuntar a los puntos débiles y con suerte lo debilitemos lo suficiente como para vencerlo.  Una mecánica que se repite desde el principio de la licencia y que forma parte de la misma.  Si bien no es la más practica al día de hoy con los diferentes cambios de punto de visión, se pierde parte del encanto de la versión de Wii U que hacía uso del mando, pero tampoco nos flipemos ya que la versión para Wii U no destacaba por ser la panacea. 

En lo jugable lo más destacado de esta entrega es que con la cámara en ristre podremos ver objetos que no podremos ver desde el punto de vista en tercera persona y podremos materializarlos si los fotografiamos.  Y realmente pocas novedades más allá de aspectos que mejoran el dinamismo de la obra, pero que sigue pecando con problemas de ritmo y siendo demasiado repetitivo en algunos momentos.  Aun así, nos dará unas 14-16 horas de juego y una buena rejugabilidad que está apoyada por trajes y contenidos que podremos desbloquear, aunque obviamente no tendremos los trajes de personajes de Nintendo que tenía la versión para Wii U.

Si hablamos de las mejoras en esta remasterización, pasa por una mejor tasa de fluidez y obviamente por una mayor resolución, lo que se traduce en que finalmente es una experiencia que rinde bastante mejor que la versión para Wii U.  Según la plataforma en el que lo juguemos habrá características que perdamos, por ejemplo en Switch y Ps5 haremos uso de los sensores de movimiento para mover la cámara de fotos, obviamente en Xbox, que es la versión que hemos jugado, esta experiencia se pierde, pero no da la sensación de ser una versión mucho más atrás de las de otras plataformas.

Lo que echamos de menos es la traducción, ya que vuelve a estar subtitulado en inglés, pero agradecemos la propuesta ya que puede volver a traernos una saga y ya de manera totalmente optimizada para las nuevas plataformas.  Ya puestos a pedir, un recopilatorio con las otras cuatro entregas haría las delicias de los que no quieren dejarse un sobresueldo y de los que no pudimos jugar a la cuarta entrega, por lo que esperamos que algún día se anime la buena gente de Koei Tecmo.

 

Análisis Project Zero: Maiden of Black Water
Una remasterización por encima de la media de un título que adquiere una segunda vida gracias a su relanzamiento. Un regalo para todo aquel que no pudo jugarlo y que ahora no tendrá que vender un riñón para ello.
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