Análisis - Marsupilami: Hoobadventure
Interesante plataforma 2 que peca en su corta duración pero donde acierta, acierta de manera notable sobre todo teniendo en cuenta que está dirigido a un público juvenil. No es el mejor del género, pero una gran opción para los que gustán del mismo.
7Nota Final

 

Pues si ayer mismo estábamos hablando de Los Pitufos y de como Microids está apostando por el cómic franco belga para sus nuevas licencias, hoy tenemos otra de estas apuestas en forma de plataformas como es Marsupilami: Hoobadventure.  Basado en el cómic de Franquin, a los más viejunos nos hará recordar que ya pudimos disfrutar de esta licencia en Mega Drive, en una de esas contadas veces que este personaje de larga cola ha pisado el mundillo del videojuego.

Esta entrega nos llega de manos de Ocellus Studios y en nuestro pais está distribuido por la buena gente de Meridiem Games, en una doble edición para Playstation 4, Xbox One y Nintendo Switch.  La versión que hemos podido jugar es justamente la de la consola de Microsoft, que por otro lado, no actualiza ni dispone de edición específica para la nueva generación, pero ciertamente no lo requiere.

Pero vayamos por partes, la historia es una mera excusa para la continuidad de un videojuego, que al igual que el de Los Pitufos, está claramente enfocado a un público infantil y que de la misma manera, llega perfectamente a este ofreciendo una propuesta entretenida, variada aunque quizás peque de algo corta.  Tendremos a tres Marsupilamis, unos seres marsupiales que destacan por tener una cola extremadamente larga que pueden utilizar cual herramienta, estos son Punch, Hope y Twister, los cuales en un día de playa encontrarán un sarcófago que en su interior se encuentra un fantasma que maldecirá a todos los animales de Palombia… todos quizás no, ellos son inmunes y serán los que tendrán que salvar el problema.

Por delante tendremos un plataformas 2D de jugabilidad clásica, con escenarios muy coloridos, muchas plataformas y un resultado global mucho más satisfactorio que esa cosa que sufrimos a mitad de los noventa en la consola de SEGA.  Una suerte de Donkey Kong Country pero simplificado y con una dificultad más sencilla, además de ser mucho menos frenético, donde a veces la única dificultad es completarlo al 100% y la excusa de rejugarlo pasa por tomarse los niveles de manera tranquila para no forzar los puntos de no retorno de los mismos niveles.  En lo que respecta al control, ninguna pega ya que funciona como debe funcionar, los saltos, caídas, ataques se adaptan perfectamente a lo que el jugador quiere hacer, y eso es un punto muy positivo para no abrumar al público potencial del juego.

A ver, no está claro que no es un juego que llegue a donde llegó Rayman Origins o Rayman Legends, pero sigue siendo un plataformas muy resultón y entretenido, una de las pegas podría estar en el hecho de que aunque tengamos tres personajes disponibles, las diferencias entre ellos son inexistentes y pasan por ser simples skins.   Otra pega es la longitud del mismo, ya  que tendremos tres mundos con sus propios subniveles y con un jefe final el cual no tendrá un enfrentamiento directo, sino que tendremos que perseguirlo a lo largo de un nivel y donde tendremos que hacer valer nuestra habilidad con el mando.

La rejugabilidad del juego viene, al igual que en Los Pitufos, en conseguir todos los objetos de los niveles, que si frutas para conseguir vidas, plumas para conseguir artes y niveles, orbes y billetes para poder acceder a los niveles de bonificación.  Si bien el juego original puede ser superado en unas tres horas, con suerte se puede duplicar si lo que buscas es conseguirlo todo, por lo que en una tarde de juego intenso el juego está listo para sentencia.

El apartado técnico es resultón, no rasca nada pero no impresiona, más allá de la resolución no es un juego que no pudiéramos haber visto en la generación de 360 y PS3, por lo que las diferencia entre las versiones de sobremesa y la de Switch se entienden que no tendrían que ser determinantes para decantarse por una u otra versión más allá del gusto personal.